Barcelona goleó 3-0 al Real Madrid en el Bernabeu y es líder absoluto en España

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Luis Suárez abrió el marcador, Lionel Messi marcó el segundo, de penal, y el juvenil Aleix Vidal selló el triunfo en el Clásico de España para terminar el año con una sonrisa y sacarle 14 puntos a su histórico rival.

El pecho hinchado los brazos abiertos, desafiante, ante el Bernabéu rendido. Lionel Messi celebró con la formalidad que reserva para los días importantes el penal con el que liquidó el clásico y quizá la Liga.

Otra vez ahí, en el estadio que mejor se le da fuera del Camp Nou, en la casa del enemigo, Messi volvió a ser la pieza decisiva de este Barça de una eficacia temible. Tomó las riendas del juego en un segundo tiempo pletórico de su equipo, marcó el segundo gol y fabricó una jugada exquisita para el 3-0 definitivo con las tribunas ya vacías de amargura.

Le costó a Messi entrar en ritmo. Se pasó 45 minutos agobiado por una marca personal muy profesional pero poco sustentable del croata Mateo Kovacic. A Zidane la receta le había funcionado en agosto, en la final de la Supercopa, y decidió sacrificar a Isco, su estratega en estado de gracia, para anular al argentino.

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Kovacic se quedó sin piernas en un tiempo, mientras Messi practicaba ese descanso activo que uno nunca sabe si tiene un mal día o es a propósito.

El plan de Zidane fracasó de manera paradójica. A los 7 minutos del segundo tiempo Ivan Rakitic recibió un pase de Busquets en el círculo central y empezó a correr hacia el arco rival. Messi lo seguía al trote a un costado. Kovacic, parado de 5, se quedó pendiente del argentino, mientras Rakitic avanzaba solo por un pasillo imaginario. Llegó al área, se la pasó a Sergi Roberto, éste la cruzó a la izquierda y llegó el uruguayo Suárez para definir.

La estructura del Real Madrid era un castillo de naipes. Se derrumbó en ese instante. La hinchada se desesperó. Y a Messi se le abrió una estancia. Ahí empezó un recital de pases, cambios de ritmo, remates.

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En el 16 imaginó una asistencia displicente a Suárez que tapó Keylor Navas. En el rebote, cabeceó Paulinho y Dani Carvajal voló para atajarla en la línea. Penal y roja. Messi se sacudió las dudas desde los 12 pasos con un disparo fuerte, arriba, sin opciones para el arquero.

Era su gol 15 en 19 visitas al Bernabéu. Más que nadie que usara una camiseta distinta a la del Real Madrid. En total lleva 25 tantos en el Clásico, un récord al que sólo podría aspirar Cristiano Ronaldo, que lleva 17.

Mal día para el Balón de Oro portugués en este duelo atípico jugado en horario chino. Errático, nadando sin acompañamiento contra Sergi Roberto y Gerard Piqué. En un año en que aventajaba en casi todo a su némesis, tendrá que pasar la Navidad con la espina de que el rosarino le ganó la carrera cabeza a cabeza por ser el máximo goleador mundial del año: 54 a 53.

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Desde el penal, con uno menos, el Real Madrid se encomendó a prevenir la goleada. El Barça olía sangre, pero se encomendó a la coreografía estética de Messi y Andrés Iniesta. El gen. Los toques, el control. La antítesis de un primer tiempo contra natura en el que rechazaban la pelota. Suárez metía miedo. Jordi Alba hacía araba la banda izquierda.

Zidane esperó hasta los últimos 20 minutos para intentar el milagro. Metió a Gareth Bale y a Marco Asensio, otras dos joyas que adornaban el banco. Kovacic salió, fatigado, desconcertado: su primer tiempo perfecto -cuando el partido era un duelo de entrenadores- no había servido de nada.

El Madrid es el Madrid. Lo buscó cuando el Barça se replegó, tras la salida de Iniesta. Tuvo alguna ocasión de peligro en un córner. Empujó al Barça a su área. “¡Tranquilo, tranquilo!”, gritaba Messi a falta de 15 minutos, empujando para abajo las palmas. Pedía que se la dieran a él.

Se divirtió todo lo que se había amargado en la primera mitad, acosado por la presión. Cerca del final le puso una asistencia a Semedo de primera y a toda velocidad que despertó suspiros en el Bernabéu. Como si Iniesta le hubiera entregado algo más que el brazalete de capitán.

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