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Animales invaden ciudades en cuarentena

España. Se multiplican los avistamientos de jabalís, corzos, cabras montesas, zorros o lobos en zonas urbanas españolas, un fenómeno que se está produciendo en todo el mundo debido a la cuarentena por el coronavirus Covid-19.

La cuarentena por el Covid-19 ha abierto un nuevo espacio para la fauna silvestre: las zonas urbanas. Hay corzos trotando por Ciudad Real, patos paseando por Zaragoza, cabras montesas en pueblos de Albacete o jabalís en calles céntricas de Barcelona. Se han avistado también lobos y osos en localidades del norte de España. «La naturaleza tiene pánico al vacío», reflexiona Jorge López Olvera, profesor del departamento de Medicina y Cirugía Animal de la Universidad Autónoma de Barcelona. Inclulso en Chernóbil, tras el accidente nuclear, la radiactividad no ha sido impedimento para que fauna y flora se hayan abierto camino en el territorio abandonado por los humanos.

La exploración del entorno es un impulso intrínseco a la fauna silvestre. «Cuando hay un nicho disponible, se ocupa», explica López Olvera. La reducción del tráfico y de la presencia humana han diluido las barreras habituales de acceso a la ciudad. Sin ellas, queda desprotegido un espacio muy atractivo, con una gran disponibilidad de alimento (la basura) y seguro por la ausencia de predadores naturales y de cazadores. La prueba es que estos nuevos visitantes estánapareciendo en todas las ciudades del mundoque han impuesto el confinamiento por el coronavirus: los ciervos sica, del Parque de la ciudad japonesa de Nara, pasean tranquilos por la calle. En la ciudad de Panamá, han sido vistos mapaches jugando en las playas del barrio de San Felipe. Y en Santiago de Chile, un puma salvaje estuvo deambulando por la ciudad desatando la alarma social; tuvo que ser capturado y luego soltado en la cordillera de los Andes.

En España, de entre todos los nuevos visitantes, el menos sorprendente para los expertos es el jabalí. Con un problema de superpoblación en España, ya hacían incursiones esporádicas en núcleos urbanos antes de la cuarentena por el coronavirus Covid-19. «Si se alarga esta situación es posible que proliferen los daños y que se dé habituamiento a zonas urbanas y periurbanas», explica Christian Gortázar, catedrático de sanidad animal en el Instituto de Investigación de Recursos Cinegéticos (IREC). «Son zonas ya atractivas por sus recursos y ahora casi no hay personas que les molesten, por lo que la presencia de esta especie, que luego provoca problemas como accidentes de tráfico, puede ser mayor cuando termine la cuarentena», asegura Gortázar.

También López Olvera ve «esperable» un aumento de la conflictividad entre animales silvestres y personas al término del confinamiento, si bien su experiencia en el Ayuntamiento de Barcelona le lleva a pensar que será breve. La tolerancia de los jabalís a la realidad urbana se desarrolla de forma transgeneracional, conforme los jabalís van naciendo en zonas más cercanas a la urbe.

Ese aumento temporal de la conflictividad también puede darse, según los expertos, con cerdos vietnamitas, lobos, corzos o zorros. Es decir, con animales que tienen ya cierto tamaño. «La tendencia de la fauna a invadir espacios que no son suyos siempre ha estado ahí», refrenda Juan Carlos Fontanillas, doctor en Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. En el caso de los corzos, explica, «es fácil verles cerca de las poblaciones, se acostumbran a que la gente esté».

Las consecuencias habrían sido mayores de haberse producido la cuarentena por Covid-19 hace un par de meses, apunta Gortázar. La temporada principal de caza mayor se extiende de octubre a febrero y ya ha concluido, con el consecuente control de poblaciones. «En el caso del corzo la temporada está a punto de comenzar, pero si las restricciones duran solo son unos meses las consecuencias no serían excesivas», continúa el experto del IREC. No ocurre lo mismo con la caza menor. En el caso del conejo, la primavera podría propiciar estragos en los cultivos en las zonas en las que haya plaga, como en Toledo, Zaragoza, o la zona del corredor de la A-6 en Castilla y León.

Fauna urbana

Otra historia será lo que ocurra con los animales que ocupan habitualmente las ciudades y que se benefician de la presencia del hombre. «En la mayoría de la fauna no ha influido el confinamiento o no va a influir, pero sí lo hará en los animales que viven en las ciudades, como palomas y pequeños roedores, cuya base de alimentación son los restos de la gente», asegura Fontanillas.

Aquí estaría, para el experto, la explicación del paseo de cinco patos por las calles de Zaragoza, o la incursión de los pavos reales que hace unos aparecían en la madrileña calle de O’Donnell. «Los patos que estuvieran en estanques y les dieran de comer, ahora deben buscar alimento». Los gatos semidomésticos que viven en colonias en parques «lo van a pasar mal», augura Fontanillas, aunque seguirán teniendo acceso a roedores y aves. Algunos ayuntamientos han permitido como excepción al estado de alarma su alimentación, pese a que «cuando se alimenta a palomas o gatos, mantenemos niveles artificialmente elevados de una especie y eso tiene efectos negativos sobre otras», puntualiza López Olvera, que cita un estudio científico en el que se calculó que cada año estos felinos con acceso a la calle matan a miles de millones de aves, roedores y minimamíferos solo en EE.UU.

Ante la pregunta de si la repentina desaparición del ser humano podría ayudar a la biodiversidad, los expertos se muestran cautos. «Si esta situación se mantuviera, lo tendría. Pero al ser puntual, el efecto va a ser anecdótico», opina el experto de la Autónoma de Barcelona. Mejorar la biodiversidad no es cuestión de unos meses.

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